Proteroctopus ribeti, fósil de un cefalopodo del Jurásico

Los paleontólogos ofrecen una nueva imagen de un cefalópodo primorosamente conservado

Proteroctopus ribeti

La morfología corporal de los pulpos se diversificó mucho antes de lo que se pensaba. [DE: «PROTEROCTOPUS RIBETI IN COLEOID EVOLUTION», por ISABELLE KRUTA ET AL., EN PALAEONTOLOGY, VOL. 59, NOVIEMBRE DE 2016]

Los fósiles bien conservados de cefalópodos no abundan. Si bien las conchas de los amonites, los rostros de los belemnites y otros vestigios de las partes duras del cuerpo se cuentan entre los elementos más abundantes del registro fósil, los paleontólogos raramente consiguen observar la inconfundible anatomía blanda de estos nadadores tentaculados. Los especímenes son tan raros que uno descubierto en 1982 sigue siendo extraordinario: los restos fosilizados de un pulpo de 165 millones de años hallados en Francia.

J. C. Fischer y B. Riou nombraron a este invertebrado de ocho brazos Proteroctopus ribeti y describieron sus ventosas para deleite de otros paleontólogos. Pero, a pesar de su inédito grado de detalle, el fósil parece desinflado, conservado como una versión estrujada de su antiguo ser. Ello dificultaba deducir las particularidades de la anatomía y su parentesco con otros pulpos. Han transcurrido más de tres décadas y ahora la paleontóloga Isabelle Kruta, de la Universidad Pierre y Marie Curie de París, y sus colaboradores han ofrecido más detalles sobre el aspecto en vida de este emblemático cefalópodo: su equipo lo reconstruyó en tres dimensiones valiéndose de la microtomografía en sincrotrón, una técnica de imagen de alta definición.

Reinflado y restaurado, Proteroctopus pertenece casi con certeza a un importante grupo de octópodos llamado Vampyropoda, del que forman parte tanto el pulpo común como el calamar vampiro. Con las nuevas imágenes, los investigadores comprobaron que Proteroctopus se asemeja a las actuales formas abisales de Vampyropoda, con ciertas salvedades. Por ejemplo, el espécimen del Jurásico posee ocho tentáculos y una aleta sobresaliente a cada lado del cuerpo. Carece de saco de tinta, como el moderno Vampyroteuthis, pero sus ventosas están dispuestas en posición oblicua unas respecto a otras, y no en paralelo, como en muchos pulpos actuales. El estudio vio la luz el pasado otoño en Palaeontology.

Lo que Proteroctopus pueda contarnos de los pulpos ancestrales dependerá del hallazgo de nuevos fósiles, pero este espécimen refuerza la idea, cada vez más aceptada, de que la morfología corporal de estos cefalópodos ya estaba ampliamente diversificada hace unos 164 millones de años. «[Características] que se creían bastante recientes en la evolución del grupo, como la forma de ciertas ventosas, ya existían en el Jurásico», explica Kruta. Los paleontólogos seguramente darían cualquier cosa por saber qué más les depara el registro fósil.

Fuente Investigación y Ciencia

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