Sitio paleontológico de Lo Hueco (España) mira al futuro en su décimo cumpleaños

Una arqueóloga que hace el seguimiento arqueológico del tramo de la línea de alta velocidad Madrid-Levante a su paso por Fuentes atiende a la llamada de Adif ante la aparición de restos paleontológicos y se pone en contacto con el Museo de las Ciencias de Castilla-La Mancha, con quien colabora habitualmente un grupo de investigación de la UNED que es quien, a finales de marzo de 2007, realiza una primera evaluación del hallazgo.

Un grupo del que formaba parte el paleontólogo Francisco Ortega, quien recuerda el escenario que se encontraron “como un cementerio”. “Las excavadoras habían entrado en una zona de un monte al lado de Fuentes para intentar rebajarlo y abrir un hueco para instalar las vías y aparecen huesos por todos los lados”.

En principio”, sostiene, “no esperábamos dinosaurios, porque no hay en esta parte de la Península, al menos en esas condiciones y en esa edad”, pero la realidad, afirma, es “muy tozuda”.

La evaluación nos dice que ha aparecido un yacimiento brutal de acumulación de restos de dinosaurios, principalmente titanosaurios saurópodos, cuellilargos, como no hay en esta edad en toda Europa y que está todo lleno, la densidad es inmensa, por lo que hay que intervenir desde el punto de patrimonial”.

En este sentido, recuerda cómo todos los actores implicados “se dejaron de tonterías, nos remangamos y nos metimos allí durante seis meses más de cien personas, con una media de sesenta o setenta técnicos trabajando todos los días”, jornadas que recuerda como “los de máxima intensidad” de toda su vida profesional.

Consciente de lo complejo que iba a ser abordar este proyecto y, “a pesar de ello, de lo agradable y de lo entusiasmante que iba a ser”, aún le viene a la memoria cuando llegó un día ya de otoño por la mañana y quedarse mirando, “impresionado”, a una explanada de 200 metros por 80 metros “en la que había huesos de dinosaurios por todos lados, una situación que no la vemos en Europa y mucho menos en España”.

El objetivo era rescatar el material en las mejores condiciones de un yacimiento que les “sobrepasaba todo el tiempo”. Entre julio y diciembre de 2007 lograron extraer una colección inmensa cuyas dimensiones obligaron a ir alquilando naves cada vez más grandes hasta llegar a donde se custodia ahora, en un polígono de la capital, el Museo de Paleontología y el de las Ciencias, desde donde estos restos, que superaron los 10.500 registros, todavía siguen “dando sorpresas”.

Con todo, lo que da idea de la “inmensidad” del hallazgo es que antes de Lo Hueco el mundo no conocía ningún dinosaurio saurópodo en el cretácico superior de la Península Ibérica “del que estuviésemos seguros que hubiese dos huesos que pertenecían al mismo individuo”.

En este yacimiento se encontraron más de veinte ejemplares saurópodos parcialmente completos, además de mucho material aislado, hasta el punto de que “prácticamente dobla la información que teníamos en toda Europa de este tipo de ecosistemas en ese momento concreto de finales del cretácico”, hace 75 millones de años.

En definitiva, ha permitido “reinterpretar el cretácico superior de Europa y dar una nueva visión de todo el registro que conocíamos y que es con la que estamos trabajando actualmente”, apunta Ortega, para, a continuación, agregar que no solo da paso a una nueva interpretación del resto de yacimientos europeos en relación a los saurópodos que están cercanos a la extinción “y que conocíamos muy mal en Europa”, sino también en torno a la historia evolutiva de los cocodrilos que habitaban el continente en este momento y que “nos dan la pista de cómo es la evolución temprana de los cocodrilos modernos”.

Junto a ello, da a los investigadores “una idea muy importante” de cómo se producen las circulaciones de faunas marinas con la ayuda de las tortugas costeras que aparecen en Lo Hueco y, de cara al futuro, espera que también aporte “una idea magnífica de cómo son los pequeños dinosaurios carnívoros”, cuyo registro en Europa es muy escaso.

Como hitos, en Lo Hueco se describen por primera vez a nivel mundial organismos como el dinosaurio Lohuecotitan, la tortuga Iberoccitanemys o los cocodrilos Agaresucus fontisensis y Lohuecosucus megadontos, “fundamentales para entender la historia de los cocodrilos actuales”, así como peces, anfibios y una gran cantidad de lagartos.

Tras avanzar que, en un futuro, quedarán descritas alrededor de diez nuevas formas de dinosaurios procedentes de la fauna exclusiva de Lo Hueco, Ortega subraya que los investigadores tan solo están “empezando”, ya que, de momento, han procesado un 20% de la información extraída de la excavación, sobre la que trabajan expertos de la UNED, la Universidad Autónoma de Madrid, Universidad Complutense, Universidad de Alcalá o Museo de Ciencias Naturales.

En la actualidad parte de sus esfuerzos se centran en la realización, desde los laboratorios de la Complutense y la UNED, de estudios de paleontología virtual sobre este material de modo que, a partir de los huesos encontrados en Lo Hueco, están generando organismos virtuales a los que animan por ordenador “para saber cuáles son sus límites biomecánicos, hasta dónde se pueden mover, qué carga soportan, cómo son sus consumos energéticos de forma que podamos empezar a estudiar a estos animales casi como si fuesen organismos vivos”.

La meta de Ortega es “entender cómo eran los ecosistemas de Europa en el cretácico superior y qué nos dice eso de lo que pasaba en el resto del mundo y de los procesos evolutivos de flora y fauna” y Lo Hueco permite “mirar por un agujerito esos paisajes”. “Lo siguiente es seguir preguntándole al yacimiento”, ya que defiende que Lo Hueco es “un buen informador”, por lo que los investigadores continuarán “preguntándole cosas de cómo era la geología, el clima, la flora, la fauna y los procesos evolutivos en el cretácico para interpretar lo que sabemos del mundo actual”.

Queremos saber qué ocurrió en el cretácico superior y extraer todas las conclusiones que nos sirvan para interpretar el mundo en la actualidad”, espeta, admitiendo que desentrañar la “historia de los pequeños dinosaurios carnívoros es el objetivo prioritario” que se plantea ahora el equipo, sabedor de que son elementos “tremendamente complejos”.

A todos nos apetecía volver a Fuentes diez años después”, explica Ortega, quien adelanta que el grupo de investigación recordará aquellos tiempos, contará cómo han ido las cosas en estos diez años y reflexionará acerca del futuro y de lo que “nos ha quedado de todo esto”.

Y es que, a Ortega le gustaría que, además de analizar “lo que aporta el yacimiento de Fuentes al mundo, reflexionásemos un poco sobre qué aporta el yacimiento a Fuentes, y, si ellos quieren, de cómo Fuentes tiene que intentar generar actividad que también le reporte algún retorno” a partir de un recurso que “sobrepasa” a la localidad pero que se ubica a dos kilómetros de su núcleo urbano.

Sus espectaculares dinosaurios vinieron a “popularizar” la paleontología y con Lo Hueco se ha creado una “estructura que es casi una marca que tenemos que trabajar más”.

Hay veces que necesitamos un vehículo para contar aspectos de la investigación”, continúa el experto, al tiempo que indica que los gigantescos dinosaurios de Cuenca “lo permiten y, como marca, consiguen atraer la atención del público, además de generar recursos culturales”. Desde la irrupción de Lo Hueco, los dinosaurios de Cuenca han “paseado el registro de Castilla-La Mancha hasta por Japón, llamando la atención a gente que no sabía dónde está España y mucho menos Cuenca”.

Hace quince años hablabas de dinosaurios en Cuenca y te miraban con cara rara y ahora es un concepto que la gente identifica”, resuelve Ortega, convencido de que nos encontramos “muy al principio de la utilización de estos recursos como reclamo cultural”.

Lo Hueco nos convence a todos de que lo de los dinosaurios de Cuenca va en serio y a partir de ahora queda un camino por desarrollar, pero estamos en ello”, concluye.

FuenteLas Noticias de Cuenca

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