Timurlengia euotica, nueva especie entrega pistas sobre la evolucion de los Tyrannosauridae

En la historia evolutiva de la familia de los tiranosaurios (Tyrannosauridae) podemos encontrar una diversa variedad de especies y tamaños; desde el pequeño ejemplar conocido como tiranosaurio pigmeo (Nanuqsaurus hoglundi) de apenas medio metro y que habitó las zonas más meridionales de Norteamérica durante el Cretácico, hasta uno de los animales más mortíferos que haya pisado la Tierra. El superdepredador por antonomasia, auténtico rey de esta época geológica, y quién sabe si, de no haberse producido la extinción masiva del límite Cretácico/Paleógeno, el de todas las demás. Hablamos del Tyrannosaurus rex.

Timurlengia euotica

Recreación de Timurlengia euotica en su hábitat. Acompañado de dos reptiles voladores de la especie Azhdarcho longicollis, la ilustración recrea la vida del nuevo tiranosaurio descubierto, en su ambiente hace 90 millones de años. (Ilustracion original de Todd Marshall)

Debido al insuficiente registro fósil, los paleontólogos creyeron durante mucho tiempo que la evolución esta familia de dinosaurios se produjo de forma gradual en el transcurso de unos 70 millones de años. Sin embargo, el reciente descubrimiento de nuevos fósiles revela que gran parte de esta transición hacia los temibles monstruos en los que se convirtieron se produjo concretamente al final de este periodo y de una manera más dinámica de lo que apuntaban las primeras hipótesis.

Hasta el momento, se sabía muy poco sobre cómo, hace 70 millones de años, los tiranosaurios se convirtieron en los gigantes e inteligentes depredadores que dominaron el paisaje del Cretácico. Ahora, los restos encontrados de Timurlengia euotica (nombre con que ha sido bautizada esta nueva especie) datados en unos 90 millones de años, vienen a llenar un vacío de 20 millones de años en el registro fósil del T.rex.

Hans Sues, director del departamento de paleobiología del Museo Nacional de Historia Natural del Smithsonian y su colega Alexander Averianov de la Academia Rusa de las Ciencias encontraron los fósiles entre 1997 y 2006, durante una expedición co-liderada por ambos en el desierto de Kyzylkum, Uzbekistán.

Reconstrucción del esqueleto de Timurlengia euotica

Reconstrucción de un esqueleto de Timurlengia euotica. Los huesos marcados en rojo corresponden a los restos fosilizados encontrados en el desierto de Kyzylkum, Uzbekistan. Las piezas en blanco corresponden a otros huesos aún por encontrar; pertenecen a otras especies de tiranosaurio relacionadas. (Fuente PROCEEDINGS OF THE NATIONAL ACADEMY OF SCIENCES)

Asia Central fue el lugar donde muchos de los grupos familiares de dinosaurios del Cretácico tenían sus raíces”, comenta Sues, y afirma que “los descubrimientos del desierto de Kyzylkum de Uzbekistán nos ayudan ahora a trazar la historia temprana de estos animales, de los cuales, muchos, florecieron más tarde en nuestra propia casa, América del Norte.

Sues y el equipo de paleontólogos dirigido por Steve Brusatte de la Universidad de Edimburgo estudiaron los fósiles recogidos en la expedición descubriendo que se trataba de una especie desconocida hasta el momento. Y aunque sin duda pertenece al linaje de los tiranosaurios, desafortunadamente no se trata del antepasado directo del T.rex.

Las claves sobre la vida de Timurlengia euotica permiten a los científicos llenar los vacíos de conocimiento existentes hasta el momento y comprender mejor la evolución de otros dinosaurios emparentados con el Tyrannosaurus.

Por lo que sabemos, Timurlengia tenía el tamaño de un caballo, pudo llegar a pesar más de 300 kilogramos y estaba dotado de patas muy largas que indican que probablemente fuera un poderoso corredor. Según la descripción de Hans Sues: “Timurlengia era un ágil cazador perseguidor de figura esbelta y atlética, además de poseer unos dientes como cuchillas, adecuados para rebanar la carne“. Posiblemente, las presas sobre las que depredaba fueran varias de las tempranas especies de herbívoros con pico de pato con las que compartía su mundo.

Respecto al cráneo, las calaveras fósiles encontradas confirman que proporcionalmente poseía un tamaño menor al del T.rex. Sin embargo, mediante técnicas de tomografía digital el equipo Brusatte reconstruyó el cerebro de estos dinosaurios con el fin de recabar algunas impresiones sobre su funcionamiento y desarrollo, revelando que antes de que se produjera una evolución en tamaño de la especie, estos tiranosaúridos ya habían desarrollado agudos sentidos y perfeccionado en gran medida sus capacidades cognitivas.

Un ejemplo de estas habilidades era la capacidad de escuchar sonidos de baja frecuencia. Esto supuso una importante ventaja evolutiva en la carrera por alcanzar la cima de la cadena alimentaria durante el Cretácico. Y es que según Brusatte: “solo después de que estos ancestrales tiranosaurios desarrollaran su cerebro y los potentes sentidos de los que estaban dotados, se pudo producir un incremento en su tamaño. Los tiranosaurios tuvieron que ser más inteligentes antes de poder ser más grandes”.

Con todo esto, la imagen que se tiene de los antepasados del T. rex se asemeja en gran medida a Timurlengia euotica; un depredador del tamaño de un caballo con un gran cerebro y un oído tan agudo que dejaría en vergüenza a la especie humana.

Los primeros tiranosaúridos aparecieron durante el periodo Jurásico, hace unos 170 millones de años, siendo tan solo un poco más grandes que el ser humano. Unos 100 millones de años más tarde habían evolucionado hasta convertirse en el T.rex que podía llegar a pesar hasta 7 toneladas. Los restos de esta nueva especie encontrada unos 80 millones de años después de que el tiranosaurio apareciera por primera vez en el registro fósil indican que el desarrollo de su gran tamaño se produjo solamente al final de la larga historia evolutiva de la especie y gracias a previo desarrollo de su cerebro.

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