Llukalkan aliocranianus, descrito nuevo dinosaurio abelisáurido para Argentina

Fuente La Razón (ES)

Llukalkan viene del mapuche (sur de Argentina y Chile) y significa «el que causa miedo». Ilistración JORGE BLANCO

Con una sonoridad casi demoníaca, el Llukalkan aliocranianus se suma a la lista de grandes dinosaurios encontrados en Argentina. Cualquier aficionado a los fósiles sabe que, si bien Sudamérica es un vergel de restos de animales prehistóricos, la fauna dinosáurica de Argentina es incluso más espectacular. Entre sus filas encontramos especies que pugnan por el título al animal terrestre más grande de la historia, como Dreadnoughtus con sus 26 metros de largo, Patagotitan con más de 37 metros de cabeza a cola o Argentinosaurus, que llegaba a alcanzar una longitud de 40 metros.

Sin embargo, la palabra “Llukalkan” no parece transmitirnos el talante de estos gigantes, pero plácidos herbívoros. Al pronunciarla intuimos un ánimo más violento, tal vez por las fuertes kas que hay en su nombre. Y, lo cierto, es que la intuición no nos está engañando. “Llukalkan” es una palabra de origen mapuche (idioma de los mapuches, el pueblo indígena mayoritario del sur de Argentina y Chile) El nombre tiene, pues, un significado, el cual resulta ser: “el que causa miedo”. Es más, su nombre completo es Llukalkan aliocranianus, y esa suerte de apellido viene del latín “cráneo diferente”. Así pues, el que causa miedo con su cráneo diferente resulta ser una descripción bastante fidedigna del ejemplar hallado en la Invernada (Provincia del Neuquén).

El hallazgo

Con sus 5 metros de largo y su aparentemente formidable mordida, Llukalkan no fue el único abelisáurido que patrulló la Invernada durante el ocaso del Cretácico. A 700 metros de donde se encontraron sus restos se habían hallado tiempo atrás los de otras especies, como Viavenator exxoni, un “pariente suyo” con el que se estima que compartió no solo ubicación, sino tiempo. A fin de cuentas, no es tan extraña esta “coincidencia”, pues hace 80 millones de años, cuando Llukalkan aún vivía, había un claro predominio de las especies de abelisáurido en el hemisferio sur. De hecho, mientras que los tiranosáuridos dominaban los continentes más boreales, eran 10 las especies de abelisáuridos que reinaban el hemisferio septentrional.

A) Localización geográfica de la Invernada B) Restos fósiles de /Llukalkan aliocranianus/ C) Ubicación del yacimiento. Gianechini. Creative Commons

Como suele ocurrir en estos casos, los restos no están completos y, aunque se conserva buena parte del cráneo, ha habido de asumir algunos aspectos de su fisionomía trazando similitudes con sus parientes cercanos. El resultado es un terópodo de 5 metros de largo, modesto para un abelisáurido, pero lo suficiente para hacer de él, posiblemente, uno de los principales depredadores que la Patagonia ha conocido. Sus afilados dientes y su corta mandíbula hacen de la mordida del Llukalkan un arma verdaderamente temible. De hecho, estas son características típicas de los abelisáuridos, a las cuales se suman otros tres rasgos que Llukalkan también parece compartir.

Por un lado, están sus cortísimos brazos, mucho más atrofiados que los del famoso tiranosaurio. Por otro, un par de poderosísimas patas traseras habrían permitido que sus aguzadas garras de las patas traseras actuaran como un trío de dagas con las que desgarrar a sus víctimas. Finalmente, este tipo de dinosaurios se caracterizaba por presentar, en mayor o menor medida, protuberancias óseas en su cráneo. Tal vez, el ejemplo más conocido sea el del carnotauro, con sus dos cuernos sobre los ojos, pero podemos ver estructuras más modestas en buena parte de los abelisáuridos, como el cuerno central del Majungasaurus.

La gran diferencia

No obstante, si nos quedáramos solo con esto podríamos pensar que Llukalkan no es más que otro abelisáurido más, perfectamente estereotípico y, por si fuera poco, en el rango inferior de tamaños (entre 5 y 9 metros). Lo que hace realmente especial a este nuevo dinosaurio es su oído. Al estudiar la estructura de su cráneo podemos distinguir una pequeña cavidad repleta de aire en su oído medio, algo nunca visto en sus parientes. Esta suerte de cámara de resonancia podría haber mejorado su audición, incrementando su sentido del oído hasta alcanzar el nivel comparable a un cocodrilo moderno.

Reconstrucción del cráneo y la mandíbula /Llukalkan aliocranianus/Gianechini

Por supuesto, atribuir unas propiedades fisiológicas a una estructura anatómica que nunca hemos visto funcionar es bastante espinoso. No sabemos si realmente esa vesícula de aire en el oído medio podía mejorar la audición o, simplemente, ser una anomalía del espécimen concreto que, en realidad, no estuviera presente en toda la especie. En cualquier caso, Llukalkan ha abierto una nueva línea de investigación para conocer en profundidad a los últimos grandes dinosaurios carnívoros que reinaron en el hemisferio sur y, con un poco de suerte, será cuestión de tiempo que un nuevo Llukalkan aclare la naturaleza de su misterioso oído.

Referencia (MLA)